Proyecto Phileas Fogg

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“Lo importante no es llegar, sino el camino en sí”

En 1872, Phileas Fogg, un rico caballero londinense obsesionado por la puntualidad y el orden, realizó una apuesta en la que tendría que dar la vuelta al mundo en 80 días. Al finalizar el viaje con éxito, se preguntó por lo que había sacado de el. No fue el dinero, ni la apuesta que ganó, sino la mujer que conoció mientras viajaba. Cuando realizó la apuesta, Phileas pensaba que el dinero y las felicitaciones de sus compañeros eran lo más importante. No sabía el viaje que le iba a esperar, ni las vivencias y experiencias que iba a obtener. Claro ejemplo de cómo varía la expectativa que tenemos de algo con la realidad. El viajar te enriquece no solo intelectualmente, sino también, personalmente. Phileas Fogg no era la misma persona antes de viajar que después. Al principio nos encontramos con una persona controladora y obsesiva que solo busca el exito. Más adelante se da cuenta de que todo esto no es lo que realmente le hace feliz y empieza a valorar cosas que a primera vista eran invisibles para él. Al llegar a Londres, Phileas pensó que había llegado con un día de retraso. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que realmente había llegado un día antes, dado que había adelantado un día con respecto al punto de partida, ya que siempre viajó hacia el Este. A medida que completaba un grado de la circunferencia terrestre en esa dirección, adelantaba cuatro minutos. Phileas Fogg era un loco obsesionado con el control del tiempo. Pensaba que todo estaba en su poder. Pero como se ve, el tiempo es un factor que escapa sin darnos cuenta. Y no se puede hacer nada para remediarlo. “Al terminar, su compañero le dijo: -Lo que hay, señor, es que acabo de saber ahora mismo... -¿Qué? Dijo Phileas. -Que podíamos haber dado la vuelta al mundo en setenta y nueve días sólo. -Sin duda, respondió mister Fogg, no atravesando el Indostán; pero entonces no hubiera salvado a mistress Aouida, no sería mi mujer, y…” A veces hay que estar en el momento y lugar adecuado para que nos pasen cosas alucinantes. Aquí llegamos al final del viaje, donde el señor Phileas Fogg reflexiona sobre su experiencia y lo mejor que había sacado de ella. “Pero, ¿qué había ganado con esa excursión? ¿Qué había traí­do de su viaje? Nada, se dirá. Nada, enhorabuena, a no ser una linda mujer, que, por inverosímil que parezca, le hizo el más feliz de los hombres. Y en verdad, ¿no se daría por menos que eso la vuelta al mundo?” Esto nos hace comprender que llegar lo antes posible a un destino o un objetivo no es necesariamente lo mejor. A veces los mayores placeres están en el trayecto.